El álbum ilustrado y sus formas

Los orígenes del libro ilustrado nos transportan al Antiguo Egipto. Se dice, que el ejemplar más antiguo se conserva en un papiro egipcio de 1980 a.c.

Por aquel entonces, las palabras y las imágenes se grababan en materiales perecederos como madera, hojas, cuero y formas primitivas del papel.

En España y Francia, se han encontrado algunos ejemplos que podrían tener entre 30.000 y 60.000 años de antigüedad.

Pero si nos centramos en la literatura infantil, no fue hasta 1658 cuando nos encontramos con el que se considera el primer libro ilustrado de la historia, “Orbis Pictus” obra del filósofo y pedagogo Comenio.

A finales del siglo XIX hay una importante figura que destaca en la evolución del libro ilustrado, su nombre; Randolph Caldecott. A este se le unió Walter Crane, un artista de origen inglés y perteneciente al movimiento Arts and Crafts, que muestra un interés especial por lo visual y no tanto por la relación entre la palabra y la imagen.

Está claro que los niños ven el mundo con otros ojos. A través de los álbumes ilustrados nuestros pequeños aprenden infinidad de cosas sobre el mundo que les rodea.

Los álbumes ilustrados no solo cuentan historias maravillosas, sino que además contienen unas ilustraciones que cada vez son más importantes y relevantes.

Los niños son lectores tan críticos que simplemente dejan de lado los libros que consideran aburridos, tediosos o carentes de imaginación visual.

Afortunadamente, los artistas y los editores lo saben y actualmente existe una amplia selección de libros que nos sorprenden por su aspecto y calidad.

Incluso algunos rompen las “reglas establecidas” y le dan a sus libros un apariencia única y sorprendente.

Un autor pionero y precursor en este tipo de libros ese es el estadounidense Peter Newell. Sus álbumes ilustrados entre los que se encuentra el maravilloso “Libro Inclinado” (1910) siempre se distinguieron por su originalidad y forma.

Otro artista que destacó por su singularidad a la hora de diseñar sus historias fue el húngaro André François. En 1956 publicó “Lagrimas de cocodrilo”, un álbum presentado en forma de paquete aéreo que consiguió el Premio a Mejor Libro Infantil en Estados Unidos.

Actualmente contamos con un sin fin de autores que se decantan por un diseño original y sorprendente a la hora de presentar su trabajo al gran público.

La ilustradora checa Kveta Pacovská es una claro ejemplo de diseño dentro del mundo del álbum ilustrado. Sus troqueles, tipografías y papeles con diferentes texturas convierten su libros en obras únicas.

Sara Fanelli es otra de las artistas que visualizan el álbum ilustrado más allá del formato clásico. En su último libro “The Onio´s Great Escape” podemos comprobar como una parte del libro con forma de cebolla se desprende del todo y adquiere una personalidad propia.

Otro artista que se ha decantado por un asombroso y singular diseño en su trabajo, es el mundialmente conocido Benjamin Lacombe. Su último libro “Madame Butterfly” se convierte en un impresionante desplegable de casi diez metros de largo.

En el panorama nacional, Elena Ferrándiz y Lucía Serrano nos sorprendieron con sus álbumes “La Media Naranja” y “Redondo” respectivamente.

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Sobre Mariola Campo

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